Qué gusto da entrar a una cafetería, pedir tu consumición, y pasar un rato agradable conversando, viendo a la gente pasar, o jugando al Dante´s Inferno como hice esta mañana. Qué gusto da sentarte en cualquier lugar, sin miedo a que el de la mesa de al lado encienda una barrita de veneno, con la que se hace daño y me hace daño a mí también sin pretenderlo.
Da mucho gusto, una vez que pides la cuenta y te marchas, notar el olor del perfume que te echaste al cuello esa misma mañana, sin que el olor de las partículas venenosas de la barrita del desconocido, estropee el buen gusto que gastan mis perfumes.
Y es que 2011 está cargadito de problemas, pero si algo bueno tiene su comienzo, es la ley que prohibe envenenar al resto de la población aumentando su riesgo a padecer cáncer, por culpa de indeseables e insconcientes que tientan a la suerte con un lento suicidio colectivo.
Yo lo siento mucho, por la gente a la que le han suprimido su libertad de fumar, pero más lo siento por los fumadores pasivos que se mueren de cáncer, que padecen ataques de asma y malestares de muchos más tipos. Más lo siento por el personal de hostelería que día a día durante décadas ha estado soportando esa libertad sin poder quejarse, porque cara al público toca aguantar, es lo que toca, y si no puedes trabajar en otra cosa ajo y agua.
¡¡¡Por fin podemos respirar!!!
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2 comentarios:
Y qué gusto volver a casa y que la ropa huela solamente a ropa.
¡¡Totalmente de acuerdo contigo!! Ganaremos todos en salud.
Un beso fuerte.
Inma
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